El reloj de la familia

 

En el reloj de la familia, cada segundo es un suspiro del regalo que es la vida compartida. El tiempo se detiene y corre a prisa, exprimido al máximo y sin respiro alguno en el que poder apreciar la parsimonia de la vida, pasar en el lento caminar de las manecillas. 

Sobre la esfera de nuestro tiempo, el personal y el de pareja, apareció el hermoso reflejo de la familia en el remanso que supuso Larrea, en Zornotza-Amorebieta (Bizkaia), para cuantos disfrutamos de una experiencia agradecida, entusiasta, alegre... bendecida. 

La guía de las seis horas -la mitad de una esfera- a cargo de parejas integradas en CVX no fue sino una puesta al día del reloj personal, con el leve impulso de los dedos a la correa que mueve el engranaje escondido. Lo mejor fue -por la novedad ofrecida y ojalá repetible, a juicio de buena parte de la asistencia- ensanchar el corazón del tiempo a los segunderos que, paso a paso, dan la hora en los ritmos de la familia. La presencia menuda y también estirada en pleno crecimiento de la adolescencia, en el encuentro oficial de los matrimonios, reconvirtió su cita anual en un encuentro de la familia. Ni qué decir que en el fondo, como también la forma, con una estructura horaria que dejaba hueco para el contraste de ideas, sentimientos, emociones y pensamientos entre padres e hijos, fue todo un acierto. Por si fuera poco, las oraciones dulcificadas por el ojo y la intuición certera de Andoni y Bego ensancharon si cabe el tiempo del disfrute hondo. 

 

¿Qué legado recibimos de nuestras familias de origen, nuestros mayores? ¿Qué hemos aprendido de ellos y  queremos transmitir?

 

La primera hora -la que marca el inicio de la aventura del día a día- descubrió que “la gratitud lo inicia todo”: “Situándonos desde el agradecimiento, con perspectiva agradecida, hacemos memoria y traemos al aquí y ahora aquello que nos motiva para dar gracias por el día a día, tanto lo bueno como lo menos bueno. Todo aquello que guardamos en el corazón y que nos impulsa en los momentos de vacío o menos gratos, y lo que nos ayuda a aprender y crecer día a día”. 

El desafío de la puesta a punto del reloj fue la búsqueda de un cofre, o de varios si así lo fuese, en la Isla del Tesoro que nos fue ofrecida para, de forma metafórica, señalar los caminos que a lo largo de la vida, en clave matrimonial y familiar, hemos ido trazando, hasta señalar en un mapa la X del gran descubrimiento. Como buenos aventureros, que siguen el consejo y la práctica del Principito, lo verdaderamente válido está en lo escondido. 

“Desde que tomamos conciencia de ser pareja y de construir una historia compartida”. Ahí comenzó a fraguarse el ser que es uno en la pareja y, por extensión, al fruto de la vida que tiene rostro en nuestros hijos. 

 

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