Hospital de campaña: Una iglesia abierta 24 horas

 

Merece la pena conocer esta novedosa experiencia, impulsada por la comunidad Adsis junto con otros grupos cristianos de Barcelona en la parroquia de Santa Anna, cuyo párroco es Peio Sánchez. Este es el testimonio que escribieron en febrero de este año.

Santa Ana es una iglesia y un antiguo monasterio, vinculada a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén desde el siglo XII, y situada junto a la Plaza de Cataluña. El conjunto da nombre al barrio de Santa Ana, uno de los integrantes del barrio Gótico, en pleno centro de Barcelona.    

 

Siguiendo los criterios del Papa Francisco respecto a la vida de las parroquias, queremos ser “un hospital de campaña” para los pobres y los inmigrantes.

 

Y es en este lugar histórico y artístico, situado en un lugar céntrico de Barcelona donde hemos empezado esta experiencia, inspirada en la del Padre Ángel de Madrid y adaptada a nuestras circunstancias y nuestra idiosincrasia.

Al tratarse de una parroquia situada en el barrio gótico, con gran presencia de turistas, no tiene prácticamente feligreses propios. Pero tiene una significativa presencia de diferentes grupos eclesiales. 

Siguiendo los criterios del Papa Francisco respecto a la vida de las parroquias, queremos ser “un hospital de campaña” para los pobres y los inmigrantes. Nuestra pastoral propone estas cinco opciones de fondo: La parroquia como comunión de comunidades. La fraternidad como escuela de los hijos, que son hermanos. Orantes y celebrantes para aprender a ser hijos en el Hijo. La misión, en el corazón de la parroquia. Comprometidos con los pobres en el centro de la ciudad. 

 

UNA OLA DE FRÍO Y UN CICLÓN DE SOLIDARIDAD 

En esta intuición estábamos cuando, justo después de visitar al Padre Ángel y hablar con él de esta experiencia de una iglesia abierta, una ola de frio invernal castigó a todos los barceloneses, pero de una manera especial a los sin techo. 

Con la actual eficacia de las redes sociales, impulsados por el amor, hicimos una llamada. La respuesta, con más buena voluntad que experiencia, se dejó sentir inmediatamente. Una lluvia de voluntarios, de donativos y un número creciente de los sin techo llegaron a Santa Ana en la primera semana.

Pronto los medios de comunicación se hicieron eco del proyecto y de las catorce primeras personas que habíamos habilitado en la Sala capitular. Con camas y colchones, tuvimos que albergar hasta más de 80 personas.

 

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