JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

 
Las Palmas de Gran Canaria, Parroquia de San Antonio de Padua/ El Polvorín

El pasado 19 de Noviembre, con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres, propuesta por el Papa Francisco, varias compañeras y yo, tuvimos la suerte de celebrar dicha jornada en el marco de la parroquia del Polvorín, en Las Palmas de Gran Canaria.

Para mí fue un día especial, no sólo porque era mi primera vez en un acto de este tipo, sino sobre todo, por la UNIDAD y LA ALEGRÍA que experimenté. Se respiraba un ambiente dónde cada uno de nosotros colaboraba y compartía para llegar a un mismo fin… "EL MILAGRO ESTÁ EN COMPARTIR" Que además era el lema que enmarcaba la Jornada.

Comenzamos con una preciosa Eucaristía, en la que participaron activamente los niños y niñas de catequesis. Previamente habíamos preparado un Gesto plasmando nuestra huella sobre un corazón de papel que ofrecimos en el ofertorio, junto a la comida que la gente llevaba para compartir. Seguidamente se organizaron diferentes talleres con el objetivo de hacer participar a nuestros adultos mayores, implicándolos, dándoles el mayor protagonismo posible… La respuesta fue tal que sentíamos su interés en el deseo de querer dejarlo todo acabado, a la vez que nos preguntaban, porqué no se organizaban actos de este tipo para futuras ocasiones.

Cerramos la primera parte de la jornada con una manifestación por las calles del barrio, acompañados por la BATUCADA CARIBE y con pancartas que los propios vecinos habían elaborado en los talleres.

El manifiesto contra la pobreza fue el culmen del acto, pasándonos de uno a otro la bola del mundo mientras sonaba la canción “Color Esperanza”, de Diego Torres. Al acabar este sencillo gesto broto un espontáneo aplauso y se soltaron unos globos como símbolo de compartir con toda la Humanidad.

Finalmente disfrutamos de una comida al aire libre con un sol esplendido que nos acompaño durante el acto. Además de la música y el baile. ¡¡¡Un día inolvidable!!!

Mi conclusión es que ese día no solo se dinamizó a la Comunidad parroquial, sino también a otros y otras que nos sentimos convocados a estar presentes y atentos en el día a día, porque en ese acto hubo tanta intensidad y desinterés en DAR que lo que recibí se multiplicó con creces. Sigamos pues multiplicando-nos.

 

María Brill Ojeda

 

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