Vocación, la vida. Por Pedro Jiménez.

Escuchar a este biólogo convertido a sacerdote, Pedro Jiménez, en la presentación de la  encíclica de Francisco, Laudato si’,  deja con ganas de saber mucho más de él para poderse contagiar de esa fe y de ese propósito por cuidar todo aquello que viene de manos de Dios.

Y para empezar, la pregunta obligada:

– ¿Quién es Pedro Jiménez?

Soy de Pamplona, soy sacerdote, tengo 53 años y vivo en las comunidades Adsis -Estar Presente-, comunidades de vida fraterna en las que vivimos laicos y sacerdotes, hombres y mujeres. Desde hace un año estoy en la comunidad de Valencia y trabajo en la parroquia Santa Marta cerca de la Fonteta de San Luis, parroquia de periferia con mucha marginación, donde hay gran número de familias en situación de riesgo, con problemas muy graves de desempleo y de droga. Es un barrio muy pobre.

– Ya vemos desde hace meses que nos dicen que la situación económica en España va mejorando de forma muy positiva, ¿lo ves tú así desde el barrio en el que está tu parroquia?

– No se nota porque los Servicios Sociales, que están por la labor, van lentísimos. Todo cuesta mucho tiempo, incluso son ellos, los Servicios Sociales, los que mandan a la gente a que venga a Cáritas. Nuestra parroquia lleva ya muchos años con una Cáritas muy desarrollada, con programa social y con mucha ayuda de Cáritas Diocesana. Familia, niños, inmigrantes… Tenemos voluntarios no solo del barrio. Vienen de toda la ciudad a ayudarnos. Y yo vivo en una comunidad que tiene en esta misma zona el centro Taleia, de menores de segunda oportunidad y el centro Hedra que es para los que están saliendo de la cárcel o de la droga.

– Pedro, no es la primera vez que vemos unidas biología y teología. En tu caso, ¿qué llevó a qué?

– Desde niño, no veía otra cosa que la naturaleza. Eso era lo mío. Por eso estudié biología. Una vocación profesional y vital. En la adolescencia, tuve la suerte de estar en ambientes buenos, en parroquias, pero no era una opción ser cura. Luego me fui a América de cooperante, como misionero laico, y a la vuelta entré ya en lo social desde la Iglesia: Proyecto Hombre y cosas así. Conocí ADSIS de Pamplona, donde estábamos con las familias gitanas. Familias que pasaban del carromato, la furgoneta y la hoguera a tener una casa tutelada. Nosotros vivíamos allí con ellos. Eran los años setenta y fue un centro emblemático, pionero en ese momento. Ahí encontré mi vocación de vida. Estaban las dos: la biología y la fe. Yo siempre había dicho que no al sacerdocio, pero en un momento determinado dije: ¿y por qué no? Y del poblado de gitanos pasé a estudiar en Roma y me ordené cura en Ecuador porque allí también tenemos una comunidad. Estuve de misionero y siempre haciendo cosas relacionadas con el medio ambiente.

– En los Evangelios a Jesús siempre lo vemos con la gente, preocupado por los necesitados, denunciando injusticias, pero no vemos ninguna mención a la naturaleza, ¿es que era impensable que llegara a haber un maltrato y una degradación de los bienes naturales?

– La cultura hebrea es una cultura muy ligada a la tierra. Jesús se pasa el tiempo poniendo ejemplos basados en la tierra: la viña, las ovejas, la mies… En las Escrituras se habla de las criaturas y no hay una separación, se habla de cuidar la vida que lo engloba todo. En la parábola de la viña, el dueño, Dios, que la deja para que se la cuiden. Sí que hay una recomendación de cuidar la vida.

A nivel individual tenemos mucho que hacer y como Iglesia también, con  signos proféticos.

– ¿El abuso de los recursos naturales tiene un principio concreto?

– La vida de los pueblos depende de los recursos que se tengan. Hay culturas cuya limitación de recursos les hace ser recatados y no conciben el derrochar. La mentalidad de que el mundo es ilimitado es del capitalismo. El explotar los recursos, y no los de mi país, sino los de América Latina o África, como con el colonialismo, propicia mucha injusticia. Una mentalidad muy de Estados Unidos es que el mundo es ilimitado. Es a partir de los años setenta del pasado siglo veinte cuando parece que los Gobiernos se dan cuenta de que el mundo es finito. Fue la crisis del petróleo la que hizo darse cuenta de los límites. Se empieza a hablar de los límites del crecimiento.

– En la actualidad, ¿es tan preocupante la situación del medio ambiente para que el Papa haya tenido que hacer una encíclica destinada exclusivamente a alertar del peligro de no volver los ojos a la tierra y ocuparse y preocuparse por ella?

– Sí. Nos lo hemos tomado a la ligera y es muy difícil cambiar. Plantear límites y mostrar la cara sucia de lo que estamos viviendo a todo el mundo le cuesta. Esa sensibilización no está hecha todavía. De palabra sí, pero somos sociedades muy sucias. La contaminación es increíble y es grave. Hay países como Alemania, Dinamarca, más avanzados en esa sensibilidad, que van presionando. Pero hay países que por intereses económicos, como Rusia o Estados Unidos, no quieren que les pongan límites. Y países emergentes como India o China tampoco quieren que les pongan límites porque quieren tener el mismo derecho a crecer como los demás. Ese es el debate de todas las convenciones sobre el clima.

– “No se me había ocurrido nunca confesarme del despilfarro que hago en casa del agua y de la luz y ahora veo…”. Fue el comentario de una asistente a la presentación que hiciste de la Laudato Si´ y qué razón tiene ¿verdad?  

– Ya entró en el tema Juan Pablo II que procedía de Polonia donde se vive mayormente del carbón y por tanto con una cultura muy ligada a la tierra. No es la primera vez que la Iglesia habla. Uno de los lemas más importantes de la doctrina social de la iglesia es el bien común y entre ellos los recursos naturales. Con Benedicto XVI, con una mentalidad muy ecologista, ya se hacen cambios en el Vaticano y Francisco, que es latinoamericano, tiene el enfoque medioambiental desde los pobres, desde los que sufren el desequilibrio ambiental. Ahora viene Trump y se habla del cambio climático…

– Pedro, vamos a ver dos imágenes, en los medios de comunicación, de una misma persona, el presidente Trump. Una, visitando al Papa, todo sonrisa y cortesía y la otra, unos días después, cerrando una venta multimillonaria de armas a Arabia Saudí, ¿qué dirías de ellas?

– Choca, claro que choca. Una impresión mala del personaje. No sé por qué Trump va al Vaticano. Un mal bicho que nos ha tocado en el mundo.

– Pues otra imagen de Trump: en el marco del acuerdo de París, Estados Unidos firmó en la anterior legislatura un compromiso para reducir la contaminación y el actual presidente se vuelve atrás.  

– Estados Unidos siempre ha querido un capitalismo libre de ataduras. El anterior presidente ató lo mínimo, que no era gran cosa, pero era la primera vez que se comprometía a algo, que hacía algo por el clima. Y este lo vuelve a desatar. No quiere que otros países le pongan trabas, le limite lo que tiene que producir. Es el capitalismo salvaje. Le han llamado ignorante.   

– Esta salida del acuerdo, ¿qué efecto puede tener en el resto de países que lo suscriben?

– Habrá quién dirá que si Estados Unidos se sale, se sale también, aunque, por imagen, no creo que nadie se atreva a hacerlo y sin embargo China se ha movido para tener un encuentro con Europa y seguir con el acuerdo. Será por imagen o por comercio, pero lo ha hecho. India también. Por eso la encíclica es profética. Llega en un momento muy adecuado y llega con una visión, cosmovisión, muy oportuna de que los pobres y el medio ambiente son lo mismo para los que sufren. Sufre la tierra, sufre la gente. El sufrimiento es el mismo y las causas son las mismas. El papa hace una denuncia del sistema económico que tenemos montado, da una visión desde el punto de vista creyente del pecado: pecado social. Y hace una denuncia socio-política muy clara como para que vayamos haciendo cambios. Y nos pide que presionemos a los políticos para que tomen buenas decisiones.

– Es la primera vez que la Iglesia le da tanta importancia al medio ambiente.

– La Iglesia no se ha metido casi nunca en este tema y ahora como es el papa quien lo dice pues como que todo el mundo hace caso. A nivel individual tenemos mucho que hacer y como Iglesia también, con  signos proféticos. El papa hace muchos habitualmente. Dijo nada más llegar que no viviría en el apartamento destinado a él, que iría a Santa Marta… Pues como cristianos, esos son los signos que debemos hacer en nuestra sociedad que vayan dando toques al resto de personas. En eso hay mucho por hacer.    

– ¿Qué estáis haciendo en tu parroquia para cuidar el medio ambiente, para aprovechar los recursos naturales?

– Siempre hay muchas posibilidades. Hemos cambiado de empresa suministradora de energía y nos metemos en una cooperativa que ofrece energías renovables. Con eso no favorecemos a la otra que sabemos que hace barbaridades, como tantas, que ya ves cuánta publicidad verde ponen, qué imagen de buenos y es solo eso, imagen. Con los niños hemos celebrado el Día del Árbol, hemos puesto cajas-nido de pájaros en los parques del barrio, reciclaje del papel, bombillas de bajo consumo. Trabajar en red también es muy importante, tenemos que hacer cosas juntos…

Y este es Pedro Jiménez, un hombre de mirada serena, de movimientos pausados. Un sacerdote amante de la vida a la que está entregado desde la opción de los pobres, cómplice de Dios para cuidar, para enseñar a cuidar aquello que Él ha puesto en nuestras manos como un extraordinario don y que no somos conscientes de su gran valor: la vida.  

Fuente original: Desde la Azotea.
Entrevista: Mª José Varea
Pedro Jiménez es sacerdote y miembro de Adsis.