Julio Parrilla

Inquietudes episcopales. Por Julio Parrilla

La semana pasada, los obispos del Ecuador nos reunimos en Asamblea Plenaria. Uno de los puntos de nuestro encuentro fue el dialogo y el contraste de una situación no del todo feliz: vemos la realidad bastante enredada y el futuro diluido en medio de dificultades y silencios lentos. Somos consciente de la necesidad de un diálogo nacional efectivo pero, también, de la toma de decisiones claras que nos saquen del atolladero.

Democracia condicionada. Por Julio Parrilla

 

Bueno será recoger algunas de las lecciones que nos dejan las recientes elecciones. El ejército de candidatos se ha retirado a los cuarteles de invierno a la espera de nuevas batallas. Otra vez será. Para muchos ha quedado en evidencia el fracaso de una ilusión, intensa y efímera: saborear las mieles del poder y, es algo que también pesa, de un buen sueldo engrosado por las oportunidades que da la vida pública. Regresar al anonimato es otra cosa.

Impresentables. Por Julio Parrilla

La situación de Venezuela me hace repensar la de Nicaragua y me pregunto cómo es posible, enarbolando la palabra “revolución”, haber llegado a semejantes infiernos. Hoy, “revolución” se ha vuelto una palabra maldita, sinónimo de hambre, opresión y sufrimiento sin límite. ¿De quién? ¿De los ricos? No. Sufrimiento de los pobres, de los más pobres, lanzados sin piedad a recorrer caminos de migración y de refugio, a saltar muros y a enfrentarse con la xenofobia o con la indiferencia de muchos.

El tiempo de la sabiduría. Por Julio Parrilla

En el año 1981 Mark Rydell dirigió una película espléndida, “En el estanque dorado”, con intérpretes de la categoría de Katharine Hepburn, Henry Fonda y Jane Fonda. Una mediocre obra teatral en manos de un director inspirado y de tres actores en estado de gracia puede convertirse en un pequeño prodigio. Es la historia del viejo gruñón, que en la casa del lago debe de aprender nuevamente a relacionarse con los suyos. Los protagonistas caminan por la débil cuerda de la sensiblería, pero Rydell logra captar las sutiles emociones que convierten a la película en algo especial.

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