Los últimos serán los primeros. Mariano Montero.

El evangelio de hoy nos recuerda cosas importantes: que Dios es bueno, que nos llama a cada uno a la tarea de construir su Reino y que no dejará a nadie sin la paga prometida. Jesús termina el relato insistiendo, como tantas veces, en una de las verdades evangélicas: los últimos serán los primeros.

Os propongo un ejercicio. Digámoslo en forma de bienaventuranza y hagamos eco de esta frase en nuestro corazón: Bienaventurados-los-últimos-porque-serán-los-primeros… ¿Se ha movido algo dentro de ti?... Imaginemos ahora cómo resuena esto en los cristianos de hoy, desde la situación en la que les toca vivir. Quizá a algunos nos deja indiferentes, pero a muchos otros les suena como una buena noticia de lo más actual… Una madre de familia está en el campo de refugiados quemado de Moria, en su nueva tienda de campaña, lee el evangelio a sus hijos y les dice sonriente: Bienaventurados los últimos, porque serán los primeros… Un joven cristiano africano es rescatado del mar después de que su patera se hundiera, y cuando es acogido en Canarias sonríe, mientras piensa: Bienaventurados los últimos, porque serán los primeros… Un jubilado español, que está solo y sobrevive malamente con la pensión mínima, esta semana ha recibido el apoyo de Cáritas y en la misa del domingo repite sonriente: Bienaventurados los últimos, porque serán los primeros…

Ojalá todos siguiéramos el ejemplo de estos hermanos que viven en dificultad, y que entienden muy bien de qué habla Jesús. Ojalá escuchar esta bienaventuranza en el evangelio de hoy nos mueva a una mayor alegría, solidaridad y esperanza. Y a decirnos, con agradecimiento y asombro: ¡Qué bueno es Dios y cómo quiere a los últimos!

 

Por Mariano Montero.