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EN ESTA PANDEMIA, LOS EXPERTOS EN CUIDADOS PALIATIVOS HAN SIDO UN RECURSO ESCASO, COMO LOS RESPIRADORES Y LAS CAMAS UCI. PERO JULIO Y ESTÍBALIZ ESTABAN AHÍ PARA SINTONIZAR LA FRECUENCIA DE SUS PACIENTES Y LLEVARLES DE LA MANO HASTA EL FINAL

 

CUANDO solo se puede cuidar porque curar ya no es posible, hay personas que despliegan una labor solo apta para gente especial. En el Hospital San Juan de Dios, de Santurtzi, Julio Gómez y Estíbaliz Montoya han asistido a pacientes con coronavirus en sus momentos finales. Y aunque están ya entrenados en acompañar al final de la vida, esta pandemia les ha obligado a resetear. Que los pacientes no murieran en soledad ha sido su obsesión."Que los familiares no les pudieran acompañar ha sido una de las mayores dificultades. En la planta covid había, sobre todo, personas mayores, pero todos los profesionales nos hemos implicado al 200% para intentar amortiguar el impacto que pudiera tener ese aislamiento, intentando ser el nexo de unión entre pacientes y familias, facilitando la comunicación, haciendo videollamadas y dejando también un tiempo de presencia en el hospital a los familiares para ese adiós", explica Estíbaliz Montoya, psicóloga.

Junto con Julio Gómez, médico coordinador de la Unidad de Paliativos del Hospital San Juan de Dios, y un extenso equipo, se han dejado la piel. "Hemos adaptado las formas propias de un buen morir al contexto de la pandemia. Hemos intentado mediar, introduciendo el smartphone o la tableta a la unidad, para que los familiares pudieran ver a su ser querido y al revés. A medida que hemos controlado la situación, porque todo ha sucedido muy deprisa, hemos desarrollado protocolos para que pudiera haber presencia familiar en esas últimas horas".

Los buzos de protección, las pantallas, mascarillas o guantes no han sido una barrera insalvable. "Los que entraban llevaban una foto colgada para poder mostrar quién era. Y además hemos puesto en práctica la comunicación no verbal, las miradas... También se puede sonreír y expresar cariño con los ojos", relata Estíbaliz, desprendiendo ternura.

Entonces cita un caso de los que sacuden el corazón. "Me acuerdo de una señora mayor. Justo ese mismo día, la familia había traído unas fotografías y esa noche falleció. Al día siguiente, hablando con las compañeras, una profesional que estuvo compartiendo con ella la tarde, contó cómo había transcurrido. La señora, emocionada, estuvo repasando las fotos, recordando, orgullosa de toda su familia y se la veía feliz. Cuando transmitimos ese mensaje a sus familiares fue muy emotivo. Les reconfortó saber que no estaba sola, que se la veía relajada y que sentía a los suyos muy cerca. No hay consuelo para el dolor de esa familia, pero les ayudó a sobrellevarlo", explica Montoya.

Porque esta crisis ha dado muchas lecciones a unos profesionales a los que parecía que la muerte podía enseñar ya pocas cosas. "En este hospital, el confort y el bienestar son las claves en materia de cuidados paliativos, pero nos ha tocado reaprender y buscar las formas de comunicarse, aunque cuando hay un deseo auténtico de hacerlo, se consigue", asegura Gómez. Y eso que, estar curtidos en demasiadas batallas, no les ha evitado malos ratos. "Ha habido momentos intensos, hemos llorado, pero nos hemos sentido más equipo que nunca, apoyándonos y sujetándonos entre todos", afirma Montoya.

Los pacientes les demandaban sobre todo presencia y comunicación con la familia. Al otro lado, sus parientes necesitaban saber cómo se encontraba su ser querido, si se levantaba de la cama, si veía la tele o leía algo. Ya que no podían estar ahí, necesitaban que alguien se lo transmitiera", comenta la psicóloga. "Uno de los problemas del duelo es que cuando la muerte se produce en este contexto de aislamiento es casi como una muerte súbita. El padre o la madre pasan de la vida a la muerte sin ese paso intermedio que te proporciona el acompañamiento cercano", subraya Gómez.

HILVANES Y COSTURAS Mayoritariamente han asistido a personas de edad avanzada, con patologías asociadas. "Cuando llegan con esta fragilidad, yo suelo decir que están hilvanados. Haces una costura para sostenerles pero no siempre son capaces de aguantar los envites de la enfermedad. Y esa fragilidad obliga a esmerar los cuidados aún más si cabe", apuntala Gómez. "Si presentaban un gran deterioro cognitivo era más difícil que fueran conscientes de lo que les iba a suceder. Pero parte de nuestra labor también es trabajar cómo van asimilando que puede llegar el final", precisa Montoya.

Llanto, temor, silencio... En la labor de acompañamiento, es vital explorar lo que el paciente siente, ajustándose a sus ritmos. "Intentamos que se sientan con la libertad de expresar sus emociones, la tristeza, el miedo, la preocupación, el enfado por estar en ese estado. La clave es tener disposición a la escucha y hacer preguntas que inviten al otro a contar sus cosas". "Deben sentirse validados en sus emociones, sean las que sea sean. Saben que se van a morir y lo que necesitan no es que vaya alguien a intentar animarles, sino que les acompañes en su tristeza y en el dolor por la situación que atraviesan. Cada persona es completamente diferente y cada duelo es único", explicita Montoya. Gómez corrobora. "Si uno está en un estado emocional muy alterado porque está muy enfadado, o con mucho miedo... lo primero que hay que hacer es respetar esos sentimientos. Tiene derecho a estar triste. No le puedes decir: Tranquilo, porque le haces pensar que eso no toca. Sintonizamos en la frecuencia que nos están hablando y para eso la empatía es la clave. Ofrecemos apoyo con nuestra presencia porque somos profesionales comprometidos con ellos que no les van a abandonar".

Frente al drama, la impotencia y el desasosiego, la posibilidad del contagio planeaba además como una losa. "Dentro de un contexto sanitario, hay una persona enferma vulnerable y hay un sanitario sano que va a atenderle. Pero cuando el profesional es tan vulnerable como la persona a la que va a ayudar, eso cambia mucho la perspectiva. Hemos vivido en un estado de alerta permanente. En el trabajo, en la calle, en casa... Y eso ha supuesto un desgaste añadido porque no había posibilidad de distraerse". "Por eso, estas vivencias obligan a repensar nuestra forma de trabajo y reconocernos seres vulnerables como el resto", reflexiona Gómez.

Muchas enseñanzas para recapacitar. "Yo quiero ver este proceso con esperanza. El miedo ha mandado en todo este camino, pero debemos recuperar la esperanza para poder vencer al miedo", señala este médico, acostumbrado a vivir demasiadas veces la hora de la verdad. 

"El miedo ha mandado en todo este camino, pero debemos recuperar la esperanza para poder vencer al miedo", dice Gómez

 

Fuente: Deia.eus