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Luis, desde Madrid (España):

Querido José Luís, en esta noche de Viernes Santo, adorando la cruz en la Pascua Joven Adsis, no paraba de pensar en las ganas, casi ansia, que tenía de escribirte unas palabras de agradecimiento y despedida.

Por alguna razón sé que no puedo despedirme de ti, porque me acompañarás siempre en mi camino como Cristiano y Adsis; de la misma manera que sé que no podré parar de sentir este profundo agradecimiento y admiración que hoy siento por ti.

Me siento enormemente honrado de ser ese “último joven”. Ese que entró guiado por el Espíritu en tu cuarto para darte la mano y darte las “Gracias”. En ese momento, supe que te morías, que estabas muy malito, que en tu vida estaba todo cumplido. Pero, por estas cosas extrañas que suceden, me dejaste entrar por última vez: el último joven. 

“Todos navegamos, ¿y tú? ¿navegas?”, me dijiste. Sí, pues sí navego, José Luís, y lo hago porque un día conocí Adsis y con mis hermanos me enamoré de Jesús, de su Reino, de su Evangelio, del Dios de los Jóvenes y Pobres.

Esas palabras me acompañan desde el pasado viernes, un tesoro en el corazón. Lo guardo. Ahí queda enraizado con esos instantes vitales. “Navego, a toda marcha, José Luís”.

José Luís, si existiera otra palabra, la diría, pero sólo me sé esta: Gracias. Enormes y Mayúsculas Gracias. Por ser un guía, por Adsis, por el Credo, por la vida, por ser mi hermano.

Espero que me visites en algún sueño más. Alguien me dijo ayer, refiriéndose a ti: “que él sea tu guía”. Que así sea. Un abrazo fraterno.

 

Javi, desde Tulancingo (México):

Hola José Luis, Cuando empecé a escuchar por primera vez lo que era Adsis, la intención primera del carisma, la vida en comunidad y el gran amor puesto en el servicio hacia jóvenes y pobres, no me era fácil comprenderlo, pero en el fondo ya sabía que era algo que quería vivir. 

Gracias por ser el iniciador (tan humilde fuiste que no te gustaba la palabra “fundador”) de tanta historia de amor en tantos lugares. Agradezco al Padre el haberte conocido y el haber tenido tanto tiempo y vida compartida contigo, en lo que ha sido hasta ahora la mejor parte de mi vida.

El Espíritu sigue soplando y el carisma sigue vivo; tu presencia hará falta, pero todo el amor regalado y repartido seguirá dando frutos. 

En México seguimos sintiendo ese ánimo y ese impulso a la acción, que tanto predicaste y demostraste. Se que, estando cerca del Padre, seguirás acompañando nuestro andar. 

Gracias por tu vida, para mí ha sido un honor compartir la mía contigo. Un abrazo fuerte, Hermano.

 

Patricia, desde Bilbao (España): 

Cuatro o cinco días antes de morir, pude acercarme a ti para saludarte. Sentía la necesidad de darte las gracias por el tiempo compartido, por lo que nos has querido, por el sentido con que podemos vivir la vida en esta entrañable y preciosa familia Adsis. Fueron unos minutos amables, tiernos… Tú me respondiste: “he hecho todo lo que he podido”, y repetiste: “ he hecho todo lo que he podido”,  y luego, con gran humor, más bajito, me dijiste: “bueno, un poquito menos...”.

Fe, pasión, lucidez, sabiduría, confianza, riesgo, humildad, diálogo, mirada atenta,  paciencia, silencio, oración, hermano, humano: así te recordamos. La sabiduría del Evangelio, la humildad de quien se sabe uno más, uno de tantos, la confianza de quien se pone en manos de otros para dejarse acompañar… hasta el final.

Gracias por haber sido testigo del Jesús vivo, testigo alegre y apasionado, comprometido con la historia, una historia por hacer y un mundo por construir y liberar, en comunidad de hermanos. Bihotz-bihotzez. 

 

Alfonso, desde El Alto (Bolivia):

Querido José Luis:
Nos encontramos por primera vez en el colegio Santiago Apóstol de Bilbao en 1975 o 1976, a donde llegaste con Luis Carlos y Mercedes para dar un retiro a los jóvenes de COU; a la salida, Pedro, Joseba y yo concertamos una cita contigo para conocer Ledesma. Cuando entramos en la casa, vimos jóvenes estudiando teología, dialogamos y, al final, una certeza: “viven como los primeros cristianos”. Eran como las cuatro de la tarde.

Comenzamos a vincularnos con la comunidad de Ledesma, cuyo nombre aún ignorábamos. Los jueves participábamos de esas impactantes eucaristías, llenas de jóvenes y fuego. Un día hablé personalmente contigo y me regalaste el Ideario Adsis del 1973, que leí con todo detenimiento, y me dije: “esto es lo que yo quiero vivir”.

Tras los breves precatecumenado y catecumenado de entonces, hice la opción definitiva, y fui a vivir a San Vicente contigo y varios hermanos jóvenes que se preparaban para ser curas. En ese ambiente lleno de alegría y estímulo, me propusiste ser cura, en sintonía con la pregunta de la iglesia de Bizkaia: “Ser cura ¿Y tú, por qué no?”. Hoy reconozco con gratitud que viste en mí lo que yo no me atrevía a mirar.

Con el paso de los años, siendo yo joven sacerdote y tú Moderador general, me propusiste fundar Adsis en Argentina. Recibí la invitación como un gesto grande de confianza, que siempre me estimuló.

Tus palabras antiguas y nuevas me alentaron y desafiaron a vivir la vocación y el ministerio, en seguimiento radical a Jesús y en fidelidad a los jóvenes y pobres, como hijo, hermano y siervo, para no dilapidar la herencia recibida de los primeros hermanos Adsis.

Concluyo la carta con esta convicción: “porque fuiste, somos”. Y ruego intercedas por nosotros, junto a la comunidad del Cielo, para completar la frase: “porque somos, serán”.

Con inmensa gratitud, tu hermano.

 

Teodora, desde Callao (Perú):

Querido José Luis, he seguido tu vida por los hermanos que han pasado por Perú. Es más, cuando iniciamos el proceso de la Iniciación cristiana con tres personas más, teníamos como apoyo tus libros. 

Eso me hacía pensar en tu sensibilidad, ese amor gratuito hacia tus hermanos y hermanas, en este camino que un día comenzaste y que hoy seguimos. Estoy agradecida por tu vida entregada y compartida!! Hasta siempre, José Luis!!

 

María Lucía, desde Varela (Argentina)

Qué podría escribir a José Luis, más que un infinito GRACIAS por su vida y por su intuición, al llevar adelante ese sueño de amor fraterno que es Adsis.

No es difícil darme cuenta que estoy ante un Gran Hombre, sensible y amoroso, con solo leer alguno de sus libros y reflexiones.

 

Miguel Ángel, desde Valladolid (España)

Querido José Luis, estos días me he sentido un poco más solo, pero con un sentimiento de infinito agradecimiento por tu vida. No es que nos viéramos mucho últimamente, pero tú estabas ahí.

No ha sido muy fácil esperar tu muerte, creo que nunca he llorado más que en esos días. Me costó no ir a verte, pero sabía que estabas en las manos de los hermanos de Peñagrande y de Mariví. ¡Qué más podía pedir para tu bienmorir!

Un día me ofreciste la oportunidad de encontrarme con Jesús y su Palabra a través de la vocación Adsis y no la desaproveché. La pasión que trasmitías por la presencia me sedujo y hoy todavía resuena en mí, después de 42 años.

En realidad, has sido para mí el maestro que acompaña en libertad y diálogo, y sé de lo mucho que me has querido.

Te has ido poco a poco. Te has ido apartando, dejándonos hacer y crecer. Has organizado tu marcha para que solo duela lo inevitable del corazón. La debilidad y la humildad, en estos últimos meses de enfermedad, confirman este espíritu de entrega y humildad que ha movido tu vida.

Me quedan muchos recuerdos de las confidencias que compartimos, en los tantos kilómetros que hemos hecho juntos. Quedan en el corazón como impulso para seguir construyendo este proyecto de Dios que tú tanto amas y yo comparto.

Espero que tu muerte, como la de Jesús, sea fecunda en nosotros. Un abrazo. El Señor nos bendice por ti. 

También quisiera agradecer a Dios por darme la oportunidad de conocerlo personalmente, cuando fue la Conferencia 2010, donde pude compartir algunos momentos con José Luis. De esos días me quedó muy grabado en mi corazón su generosidad, su hospitalidad y sobre todo su capacidad para darse y darlo todo, compartiendo su ser sin regateos. La frase que me quedó resonando muy profundo, hasta el día de hoy, es la que José Luis me dice: “María, todo lo que hay en esta casa es también tuyo...”

Gracias “José Luis” por tu amor incondicional y por tu preocupación constante por el Movimiento Adsis. Con cariño.

 

Pablo, desde Portoviejo (Ecuador)

Querido José Luis, pocas veces hablé contigo, pero siempre te me hacías presente cada vez que leía algún texto tuyo y en especial cada vez que leo o rezo el Credo. Y siempre con agradecimiento por tu vida y por la vocación que compartiste con nosotros, y que nos ha dado vida y hermanos. 

Gracias por todo el bien que has hecho y por el camino que abriste, para que tantos hermanos podamos descubrir a ese Dios que libera de tantas esclavitudes y que nos ama sin medida.

Que ese Dios al que amaste y seguiste te tenga hoy en tu regazo.
Hasta siempre, querido hermano.

Joan, desde Lomé (Togo)

Querido José Luis, te escribo desde Lomé, Togo. Todavía no entiendo muy bien porqué estoy aquí y cómo he dejado que me metieran en este lío, pero aquí estoy. Tú siempre me decías que hay que decir que sí. No tuve demasiada ocasión de hablar contigo de esta aventura togolesa que en el Movimiento hemos empezado, pero sí me acuerdo de una cosa que tú dijiste a los jóvenes que iban a Togo el verano pasado: ¡Hay que seguir! Seguir caminando, seguir sirviendo, seguir anunciando, seguir ofreciendo… en nuevos lugares, nuevas periferias desconocidas por nosotros.

Cuando rezo la introducción del Credo Adsis y el primer punto aquí, en esta tierra, en estos barrios, en estas calles de Lomé… se me pone la piel de gallina. Aquí el Credo Adsis se me hace más actual que nunca y suena con una contundencia que hacía años no sentía. Porque aquí la separación entre jóvenes y pobres casi no existe. La mayoría de jóvenes son pobres. Porque aquí en Lomé ante tanta injusticia y pecado, se me hace imprescindible y urgente vivir siendo hermano y vivir unido a Jesús. 

Gracias, José Luis, por haberme metido en este lío de la vocación Adsis, que me ha dado hermanos y que nunca deja de sorprenderme y de tirar de lo mejor de mí. Gracias, José Luis, porque aquí en Lomé uno descubre que el carisma Adsis esta más vivo que nunca, y puede ser oferta para muchos jóvenes esparcidos por el mundo, que sin saberlo ya son Adsis. Porque, como tú siempre decías: en Adsis ni se entra ni se sale, Adsis se ES. ¡Feliz Pascua, José Luis!