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Misa de la FIESTA DE SANTIAGO – Santa Marta de Tormes, 25 de julio de 2018

Homilía del párroco, Mariano Montero 

Hoy vamos a recoger lo esencial de la Palabra de Dios que acabamos de proclamar, para unirlo con la tradición peregrina santiaguina, y finalmente relacionarlo con los 19 años que se cumplen de la construcción de esta iglesia dedicada a Santiago Apóstol. Finalmente, todo eso nos llevará a poner nombre a lo que hemos venido a celebrar este año 2018, y a ver que esta misa y la procesión posterior, más que una simple costumbre festiva, es signo y oportunidad de algo más grande. 

Santiago y la Palabra.- Estamos ante uno de los primeros discípulos llamados por Jesús (cuando dejó la tarea de pescador que compartía con su padre) y uno de los más cercanos siempre (con frecuencia se nombra juntos a Pedro, Santiago y Juan). Aun así, Santiago tuvo que hacer un camino interior que le llevó a pasar de los criterios de este mundo (afán de grandeza, de sobresalir, de ocupar los primeros puestos: lo indica el evangelio de hoy) hacia los valores de Jesús (servir y dar la vida: lo testimonian el evangelio y la primera lectura, y lo expresa el color rojo de la liturgia de esta fiesta). 

Santiago y la Tradición.- El “camino de Santiago” nos remite a una experiencia peregrina que es a la vez personal y colectiva, a la vez exterior e interior. Una experiencia que a lo largo de siglos fraguó identidad y unidad en España y en Europa. En nuestro tiempo el camino de Santiago sigue siendo buscado y vivido por muchos, y los que lo hemos hecho sabemos que nos ayuda a salir de nuestra zona de confort y a hacernos preguntas de fondo: ¿Qué camino estoy haciendo en la vida?¿Necesito cargar con tantas cosas?¿Cómo es mi relación con los compañeros del camino?¿Hacia dónde va mi vida, nuestra vida? 

Santiago y Valdelagua.- Hoy se cumplen 19 años de la construcción de esta iglesia. Han cambiado muchas cosas desde entonces, también vosotros habéis vivido un camino personal y colectivo de cambio, parecido al de Santiago en el evangelio y que conecta con los peregrinos santiaguinos. Los que sois de aquí habéis vivido un camino que hay que nombrar y celebrar. 

  • 1999 era un tiempo de progreso e ilusión, en que Valdelagua había crecido notablemente. Eran muchas las familias que se habían instalado en la urbanización, y que se implicaron activamente en la construcción de esta hermosa iglesia, que se convirtió en cauce de identidad y de confluencia vecinal. 

 

  • Tras esos 19 años de camino común, toda Santa Marta ha seguido creciendo y cambiando, y esta zona del municipio se ha consolidado como una red de urbanizaciones cercanas. Y si uno escucha a los más antiguos del lugar se percibe que en sus familias ha pasado una generación, que en los veranos ya no solo hay hijos sino nietos, y que a la vez siguen llegando nuevos vecinos que no conocieron los orígenes, ni de la urbanización ni de esta Iglesia, pero que encuentran aquí un buen lugar para vivir y proyectarse. 

 

Todo esto nos lleva a que en esta misa de fiesta hagamos dos cosas necesarias: 

  • Lo primero es DAR GRACIAS A DIOS por tantos vecinos que forman parte de esta historia, la mayoría aún residentes aquí, algunos fallecidos o instalados en otros lugares. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento, los vivos y difuntos. Dieron lo mejor de sí mismos para construir esta iglesia, con su apoyo económico y participativo. Que yo sepa, esta es la única iglesia en Salamanca que se ha pagado totalmente con el aporte económico de los feligreses, que han mantenido estas dos décadas y cuya constancia va a permitir este año completar la devolución del préstamo que hizo en su día el obispado para su construcción. ¡Gracias a todos los que lo habéis hecho posible!… 

 

Pero no solo por haber contribuido a levantar el templo de piedra, sino sobre todo porque habéis construido una comunidad viva que por tantos años ha llevado al vecindario los valores esenciales del Evangelio: la confianza en Dios y en los demás, el espíritu fraterno y el apoyo mutuo, la convivencia en unidad y en paz… ¡Dios bendiga a todos los hombres y mujeres que formáis parte de esta historia de generosidad y entrega! 

 

  • Lo segundo necesario es PEDIR EL ESPÍRITU DE DIOS que animó a Santiago Apóstol. Lo pedimos para los que frecuentamos esta iglesia y también para todos los vecinos. ¡Porque Dios vive en Valdelagua y Las Villas, en Aldebarán y en Ática, en La Fontana y en La Serna, de donde llegáis también algunos...! Como dice el papa Francisco, Dios vive entre nosotros, y esa es una presencia real que descubrir y celebrar. El Espíritu de Dios es la fuerza que alienta todos los deseos y esfuerzos de encuentro fraterno, de confluencia vecinal y de bien común. Alienta el servicio de la corporación municipal y el de las iniciativas vecinales. Alienta la acogida mutua entre los residentes antiguos y los nuevos, así como la relación entre las diversas urbanizaciones. El Espíritu alienta a cada persona a vivir las etapas de su historia familiar como oportunidad de un desarrollo más sabio, confiado y abierto. Y alienta a la comunidad cristiana que se reúne aquí a lo largo del año para celebrar las misas dominicales, para acompañar la vida y la fe de niños y jóvenes, y para colaborar en servicios solidarios que benefician a los más desfavorecidos en Santa Marta… 

 

Por todo eso, hoy pedimos a Dios Padre y a Jesús que nos concedan su Espíritu. Que, como hizo con el apóstol Santiago, nos siga enseñando a todos a salir de nuestros intereses particulares para vivir más desde el servicio y el bien común. Hoy celebramos un pasado bueno, y a la vez afirmamos que el futuro es bueno, porque está habitado por Dios. 

Ojalá esta eucaristía nos vincule más a Jesús presente. Que la peregrinación que vamos a hacer luego nos mueva a caminar en la vida con un corazón agradecido y generoso. Y que los pinchos que compartiremos al final sean la metáfora de ese bien común que deseamos para todos nuestros vecinos.  Amén. 

Seccion: Salamanca