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La residencia de Acogida Adsis, ubicada en Claudio Gay, Santiago, fue casa de hermanos y hermanas por cerca de 27 años. Ahora, desde fines del 2018, es casa que acoge a inmigrantes y refugiados y donde vivo con ellos y ellas. Una casa donde confluye diversidad de orígenes, en lo cultural, en lo social y antes en lo económico.

En el cotidiano vivir aparece esa necesidad de adoptar relaciones familiares, de sentirse útil y sentirse parte. Nos igualamos en el terreno de lo incierto, en lo vulnerable de la vida, en la necesidad de encuentro y de risa. Una necesidad que se ha hecho hábito casi todas las noches, en la mesa de la cocina, espacio único de la casa que guarda ese calor de hogar, especialmente en invierno.

Una vez por semana se instaló el ritual de compartir entre todas y todos, oración y mesa.

El covid 19 ha dificultado la búsqueda de otra vivienda, de lograr un lugar un poco más estable, también de trabajo en algunas. Pero también este tiempo va resignificando la vida de los residentes, por eso decidí que ellos y ellas contaran, desde su cotidiano vivir, qué ha aportado para sus vidas esta experiencia de compartir la vida con otros y otras tan distintos.

Les convoqué a un café para que me contaran, desde su sentir y su querer, cómo va siendo su vida, aprendizajes, sueños.

Viven once personas, el día de la entrevista no pudieron estar José, Gustavo (jugaba Chile - Paraguay), ni Ricardo con su esposa Nicolette, ni su hijo Rickystanley, pues Ricardo amanece muy temprano para trabajar en una constructora y Nicolette debe amantar a su bebé.

Pudieron estar Eduardo, venezolano de 33 años, ingeniero civil, trabaja como secretario en la parroquia San Saturnino; Zoraida, venezolana de 71 años, educadora que se dedicaba a cuidar niños, actualmente cesante; Irais, venezolana de 74 años, diseñadora arquitectónica que se dedica a la jardinería en la casa Adsis; Norma, peruana que trabaja de empleada doméstica; Maricela, boliviana que trabaja en venta de muebles; y Marco Antonio, peruano, ingeniero químico que se dedica a varias actividades, entre ellas las clases particulares.

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¿Por qué llegaste a Chile y cómo llegaste a la casa?

Eduardo: estoy aquí para poder ayudar a mi familia en Venezuela económicamente y así independizarme. Llegué a esta casa por recomendación de Álvaro y llevo 4 meses viviendo acá.

Zoraida: estoy acá para independizarme de mi familia.

Irais: estoy acá para independizarme de mi familia y sentirme libre. (Zoraida e Irais llegaron desde Caritas y llevan 6 meses viviendo en la casa).

Norma: vivo en Chile para ayudar a mi familia de Perú y vivo acá porque se incendió mi casa. Llegué por medio de Álvaro, llevo 5 meses.

Maricela: vivo acá porque se incendió mi casa y lo perdí todo. Llegué través del colegio, donde me contactaron a Coté y a Carolina, llevo 8 meses acá.

Marco: estoy acá por estar cerca de mi hija. Llegué a la casa por intermedio del Álvaro, viví una temporada en la fundación Fré, y de ahí el padre me ofreció que pudiera vivir en esta casa, llegué acá en julio del 2020.

¿Cómo te sentías cuando recién llegaste y cómo te sientes ahora?

Eduardo: en un comienzo sentí miedo y entusiasmo, porque hasta ahora no había experimentado vivir en una comunidad diversa y de varias personas. Ahora me siento muy bien porque he descubierto que son excelentes personas.

Zoraida: vine con muchas expectativas, fui muy bien recibida en la casa Santa Mónica, y me siento muy bien por el buen recibimiento.

Maricela: con José, llegamos muy afectados por la tragedia vivida, con mucho miedo, incertidumbre, no saber, sin rumbo, asustada por venir a una casa de acogida, para mí era todo nuevo, empezar de cero, no tener nada, pero sí agradecida de tener vida, pero no podía ver lo bendecida que he sido por tener la oportunidad de estar bajo un techo en la casa Adsis. Ahora, vivo agradecida con Dios y por todos los integrantes, agradecida por ponerme a gente buena en el camino, agradecida por la posibilidad de aprender a convivir.

Norma: cuando llegué me sentí desconocida, porque jamás me imaginé llegar a una casa donde nos acogieran. Al principio nerviosa, pero después bien por poder estar bajo un techo, por todo el mal momento que pasamos. Ahora me siento bien, con el grupo humano que se ha dado, por los espacios de reunión mensual, tener ese espacio para conversar, para decir lo que pensamos, y agradecida de que tengamos la oración semanal.

Irais: recién llegada me sentía nerviosa, intranquila, no sabía qué iba a pasar, luego me sentí más tranquila cuando empecé a darme cuenta del trato que me dieron mis compañeros, el recibimiento que me hicieron, y el trato recibido de la Claudia y de Chiqui.

Marco: Cuando llegué me sentí bien porque tuve una buena acogida de parte de los residentes que estaban en ese entonces y hoy me siento mejor con las personas que compartimos, nos va bien.

¿Qué aprendizajes has adquirido en este tiempo?

Eduardo: en estos meses voy aprendiendo a convivir con personas desconocidas y que está siendo una experiencia muy bonita, un poder compartir muy ameno.

Zoraida: voy aprendiendo a compartir mucho más, con gente distinta, y agradecida por la acogida que me han dado, cuando celebraron mi cumpleaños y todavía le agradezco. He aprendido a valorar y a aceptar tal como son, con virtudes y sus limitaciones también.

Maricela: he aprendido a ser agradecida con Dios, sea por lo mucho o por lo poco, a valorar cada una de las cosas, a compartir, a ser paciente.

Norma: a tener paciencia, a ser agradecida con Dios, y en las reuniones a poder dialogar y a compartir.

Irais: a convivir con personas diferentes, en personalidad, en cultura, en origen, he aprendido a tener paciencia y tolerancia.

Marco: voy aprendiendo a entender más a las personas y a dar más de mí.

¿Cuál es tu sueño?

Eduardo: sueño con poder traer a mis padres de Venezuela y, si Dios lo quiere, formar una familia.

Zoraida: sueño a mediano plazo conseguir un empleo fijo que me permita mantenerme con un nuevo arriendo e independizarme; a largo plazo, una vez que me operen, quiero volver a mi país, con un nuevo gobierno.

Maricela: sueño a mediano plazo volver a construir mi hogar, con mi hija y José, mi compañero y a largo plazo poder seguir ayudando a mi mamá para que se cure ese pie. 

Norma: que mi hija, que está en Perú, se venga para Chile y conseguirnos una casita donde poder vivir. 

Irais: sueño con conseguir una casita para independizarnos y vivir en Chile hasta que Venezuela cambie de gobierno.

Marco: mi sueño es llegar a poner una pequeña industria de fabricación de productos de limpieza, sea acá en Chile o me vuelvo a Perú.

En el Credo Adsis, decimos: Ante la injusticia y pecado en que viven sumidos tantos hombres y mujeres, …. Creemos que el hacer Cuerpo de Cristo con el oprimido y compartir su historia nos hace “bienaventurados”, y al mismo tiempo que nos libera de tantos criterios y esclavitudes nos pone en estado permanente de lucha, incomprensión y persecución.

 

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Etiquetas: Con pobres